Martes 8 de octubre de 2013Pasión por la Radio

Lo que viene

Buenos Aires, 08 de octubre de 2013 - A medida que la neurocirugía va saliendo del centro del escenario, progresiva e inexorablemente la política ocupará su lugar.

Como es poco menos que inevitable, hace ya muchos dias que los argentinos estamos hablando de cráneos, cerebros, hematomas, trépanos, anestesia y recuperaciones. Pero la jerga médica, que solamente debería ser usada con propiedad por quienes son realmente médicos, cumple un servicio muy importante a la hora de describir un acontecimiento. Pero el acontecimiento en sí es trascendente, porque involucra no sólo a un ser humano, que es lo principal, en este caso la presidente de la Nación, sino además a quien ocupa por contrato con la sociedad ese cargo.

Contrato con la sociedad quiere decir que, al igual que cualquier mandatario electo, un ciudadano es elegido por decisión del soberano. Es el mismo soberano que puede modificar su punto de vista. Es, claro, la posición más importante, por eso hablamos de la jefa de Estado o de la primera mandataria.

Tengo para mí que la ocasión es muy propicia, ahora que nos vamos tranquilizando y sabemos que todo se irá lentamente acomodando, con el deseo de que el mandato presidencial discurra con absoluta naturalidad y normalidad hasta el último minuto del 9 de diciembre de 2015. Ahora es importante preguntarse cómo hemos venido gobernándonos los argentinos. ¿Cuál ha sido el sistema de toma de decisiones? ¿Por qué están los que están, y cómo están los que están?

Ayer, lunes 7 de octubre, intenté avanzar lentamente aquí en esta temática aludiendo a los rasgos históricos del peronismo y del presidencialismo argentino. Ahora incorporo otro elemento de juicio. Cuando fue electo presidente de los Estados Unidos Bill Clinton lo hizo de la mano de un importante dirigente del Partido Demócrata, Al Gore. Gore fue vicepresidente de Clinton en sus dos mandatos.

Fueron los ocho años más exitosos que recuerdan los Estados Unidos desde la época del presidente Dwight Eisenhower. Pero Gore no era un “don nadie”, no era un cero a la izquierda. Era un hombre proveniente de una familia demócrata muy notoria. Era además un personaje con causas, agenda, temática, ideas, propuestas, tenía trabajos, tenía investigaciones.

En un reportaje le preguntaron a Clinton: “Señor presidente, ¿por qué eligió a un hombre tan notorio y sobresaliente como vicepresidente, un cargo que -se supone- es solo para acompañar. Clinton, con su inteligencia deslumbrante, respondió: “la razón es muy simple, a mí me puede pasar algo y este país necesita un presidente”.

Este no ha sido el método argentino. Ayer mencione a Hortensio Quijano, vicepresidente de Juan Perón en la primera fórmula, 1946-1952. Pero Quijano, que era ya una persona de edad, no representaba la esencia de lo que el peronismo había venido a encarnar a mediado de los años Cuarenta. Perón no eligió a Domingo Mercante, ni -desde luego- a Cipriano Reyes. Eligió a un hombre que para su segundo mandato, ya tenía los días contados y estaba moribundo.

El candidato elegido para cumplir la etapa final de los primeros gobiernos de Perón, Alberto Teissaire, le dio la espalda y no más cayó Perón en 1955, Teissaire se presentó ante los militares, de la Revolución Libertadora y manifestó su discrepancia y repudio a Perón. Esos fueron los vicepresidentes de Perón. Lo que siguió fue muy parecido, el mismo criterio que aplicó Juan Perón con María Estela Martínez.

Esto es lo que explica a Amado Boudou. Boudou desnuda la inexistencia de un sistema, un mecanismo colectivo que, sin alterar la función decisiva del presidente de la Nación, permita que en caso de emergencia, la obra de gobierno siga relativamente sin perturbaciones. Pasó en los Estados Unidos con Lyndon Johnson cuando asesinaron a John Kennedy y Clinton-Gore armaron un equipo de gobierno muy aceitado y permanentemente en contacto con los temas y con la agenda.

En la Argentina eso no ha sido posible. Las razones son varias: narcisismo, decisionismo, voluntarismo, mesianismo, ustedes pueden elegir diferentes escuelas e interpretaciones. Pero todo ha conspirado en la etapa actual contra la creación de un sistema maduro.

La Argentina sigue siendo institucionalmente un país extraordinariamente inmaduro, un país profundamente adolescente al que le sigue generando una seducción notable de las conducciones verticales, las conducciones iluminadas.

Nuestra Constitución es presidencialista. No creo que esto pueda modificarse. Pero una cosa es el presidencialismo, que subraya el papel de una sola persona, y otra cosa es la pretensión de que en pleno siglo XXI, un país de 40 millones de habitantes pueda ser manejado con ese criterio que implica, por ejemplo designar a una artista como representante argentina en la Bienal de Venecia y, por otro lado, manejar el tipo de cambio o los descuentos o los subsidios. Esto es lo que se está terminando.

No se está terminando solo un gobierno, que tiene todavía dos años largos por delante, y que esperamos sean normales y se cumplan tal como está establecido. Lo que está demostrando el hoy y ahora de la Argentina es que la sociedad va, progresiva e inevitablemente, enderezándose hacia un sistema de gobierno con mayor prudencia, moderación y capacidad de consulta a los que no piensan igual. Un gobierno que se abra en serio, como lo promete retóricamente la propaganda de Martín Insaurralde que dice quere “abrirse”, pero forma parte de un gobierno que vive cerrado en si mismo. Un gobierno que sea previsible. Las personalidades en oferta hoy son Sergio Massa, Mauricio Macri, Hermes Binner, Julio Cobos, Ernesto Sanz, Daniel Scioli: todos ellos tienen un denominador común, ir hacia un gobierno más normal, sacar a la Argentina de la excepcionalidad, de la montaña rusa permanente.

Ésta es la gran premisa y la gran propuesta para 2015: ser realmente un país más serio y normal, en en el que no nos desayunemos con un vicepresidente que nadie conoce, nadie sabe que piensa, de dónde viene y, sobre todo, cómo va a solucionar sus problemas legales.

©pepeeliaschev
Emitido en Radio Mitre

Pepe Eliaschev Copyright 2007 - Periodista Pepe Eliaschev