Pasión por la radio

Desde el prehistórico antecedente de 1967 (mi primer programa propio), cuando salía de la adolescencia, casi nunca dejé de hacer radio. Columnas, entrevistas, editoriales, audio puro, momentos rescatados y preservados de lo que es, para mí al menos, el más íntimo, confiable y directo de los medios de comunicación, el que involucra a los seres humanos ante un micrófono.
Sábado 11 de agosto de 2012Pasión por la Radio

Todo, con T de totalitarismo

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Editorial Radio Mitre

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Buenos Aires, 11 de agosto de 2012 - Es la guerra, lamentablemente. Es la ausencia de la paz, desafortunadamente. Es la ejecución práctica y cotidiana de un criterio según el cual esta conflagración no admite armisticios ni soluciones parciales. Es a todo o nada.

No se sabe bien cómo ni por qué, aún cuando hay diversas teorías y más de una hipótesis, que nos permita explicar cómo es que se llegó a este clima que hoy inunda el debate cotidiano de los argentinos.

Aparece en todas partes, en el colectivo, en el taxi, en la cola, en el trabajo, en las reuniones familiares, en los cumpleaños. El enfrentamiento, el enardecimiento de las diferencias, que no responde a un modelo supuestamente parejo donde se confrontan fuerzas similares.

Uno puede recordar en la historia reciente del siglo XX episodios en donde verdaderamente el tajo que atravesó a la sociedad fue sangriento y terrible. Quizás el emblema de este fenómeno sea la Guerra Civil Española, durante la cual millones de personas luchaban por la República y otros millones estaban en contra de esa república y simpatizaban con los ‘nacionales’ encabezados por Francisco Franco. No está pasando esto en la Argentina y uno quisiera, de alguna manera, patrocinar que esto no suceda. Pero cuando hablo de guerra, estoy diciendo que aquí no hay una confrontación equitativa de odios. Hay, sobre todo, un proyecto en curso, no tenemos que tener miedo a decir esto los periodistas, que reconoce y obedece a una sola causal determinante y principal.

Este proyecto se propone transformar en profundidad, no solamente el presente sino el pasado de los argentinos, edificando una nueva historiografía, organizando nuevos relatos, modificando nuestro panteón de héroes, transformando el papel moneda y, si se les permitiera, avanzar hacia una reforma constitucional que elimine la matriz liberal de nuestra Constitución originaria de 1853 y sus reformas posteriores.

Para consumar estos objetivos, este poder no se detiene en dificultades ni detalles. A estas alturas hay que ser muy ingenuo, o tener muchas ganas de negar la realidad, para no advertir que los llamados “metro” delegados son claramente un ariete político que a partir de la ocupación del subte de Buenos Aires, están jugando una batalla eminentemente motorizada por los intereses del grupo político que hoy ejerce el Poder Ejecutivo.

Esa izquierda es un ariete. No es malo que sean de izquierda, nadie podría imaginar que quien habla pudiese tener reparos para con los pensamientos diferentes, de izquierda o de derecha, pero dentro de la Constitución. Empero, resulta evidente que la protección de la fuente de trabajo no es hoy el objetivo principal de los llamados “metro” delegados, cuya convivencia y funcionalidad para la presidente Cristina Fernández, es tan evidente.

Es tan evidente que, inclusive, han pasado por alto el hecho de que el propio gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, tras nueve largos años, jamás reconoció formalmente la personería de la Central de Trabajadores Argentinos, la CTA, a la que terminó partiendo para armar una CTA oficial, a la que tampoco le ha dado del estatuto de central obrera, como tampoco se lo ha dado a los “metro” delegados.

La guerra es tan guerra que ni siquiera hay atenuantes para denunciar periodistas y familiares con nombre y apellido, como sucedió con el caso de nuestro colega Marcelo Bonelli. Sin detenerse a pensar que estas acusaciones, hechas desde el desdén, el sarcasmo y la clarísima exhibición de resentimiento, hablan de una YPF que estaba bajo control de sectores amigos del Gobierno, que llegaron a manejar la empresa por gestión directa y personal de Néstor Kirchner. Ahora resulta que aquella YPF, que manejaban desde el plano gerencial la familia Eskenazi, compraba periodistas. En aquel momento estaba bien, ahora está mal.

Esto habla de un uso al que califico como uso obscenamente policiaco de la información. Responde a la teoría de la ocupación, que lejos de ser teoría es una realidad. Así como está ocupado el subte, se ha ocupado YPF y al acceder a los estados contables quieren descubrir cosas que, en caso de que fuesen verdaderamente sancionables, deberían ser ventiladas en el área judicial.

La guerra es tan guerra para la Presidente, cuyo lenguaje está visiblemente lleno de desprecio y de desdén, que ni siquiera toma la elemental y prudente actitud de no dar nombres, no atacar familias, no mencionar casos individuales, como lo hizo Néstor Kirchner cuando, en otra ocasión, se ocupó personalmente de agredir a nuestro colega Joaquín Morales Solá.

Nada nuevo para mí, debo decirlo y no me pienso quedar en silencio en este punto. Mi libro “Lista Negra, la vuelta de los 70” se publicó en 2006, hace seis años. En aquel momento no fueron pocos, aunque tampoco muchos, pero los hubo, comunicadores y medios que dijeron que mi expulsión de Radio Nacional era una cuestión “contractual”. En “Lista Negra” hablaba de lo mismo que mencionó hoy, un país volcado a un clima espiritual de guerra por un grupo que nunca ocultó su voluntad de ir por todo.

©pepeeliaschev 
Emitido en Radio Mitre

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