Palabras Impresas

Amenazas nucleares
Buenos Aires, 5 de febrero de 2012 - Desde Herzlía, en las afueras del Tel Aviv, Israel exhibe razones poderosas para acreditar ua palpable preocupación. Potencia clave de la región hoy, Irán no es solo un país más que pretende disponer de energía nuclear. Es, en verdad, un país cuyo gobierno desconoce literalmente el legítimo derecho israelí a vivir como una nación con fronteras reconocidas por todos. Así, el arma nuclear en manos de un régimen mesiánico y autoritario de los ayatolas, que pregona “borrar” a Israel del mapa es, por definición, el prolegómeno de una solución apocalíptica, una amenaza que marcha hacia la posibilidad de convertirse en una realidad tangible.
Pasé una semana en este país, invitado a participar de la ya tradicional e influyente Conferencia internacional de Herzlía sobre paz y seguridad, que en esta 12ª edición volvió a congregar en esta ciudad costera en las afueras de Tel Aviv a centenares de expertos, académicos y figuras de primer rango de este país y del mundo.
En un contexto de exhaustivo y muy sofisticado análisis, tuve el privilegio de ser el único argentino habilitado a participar de 72 horas de paneles, debates y exposiciones, muchas de ellas brindadas por la flor y nata del establishment de la seguridad nacional israelí, desde diplomáticos a políticos, pasando por militares, académicos y figuras vinculadas con los servicios de inteligencia.
Mi presencia aquí me permitió, además, revisitar sitios y lugares a los que no había visto en una larga década. Advertí que los fehacientes, y a veces duros, problemas sociales de Israel son los típicos de una sociedad desarrollada en la cual la alta tecnología y los servicios son cada vez más dominantes. Sociedad eminentemente moderna en muchos rasgos claves de su vida cotidiana, Israel es -sin embargo- un país donde los avances más audaces conviven con la vida cotidiana de una gruesa minoría de religiosos practicantes, tradicionalistas y extremadamente conservadores. Así, mientras centenares de miles de israelíes hacen el servicio militar, participan de la reserva armada, pagan impuestos y viven la vida del siglo XXI, más de un 20% de la población esta eximida del ejército, de pagar impuestos y de muchas otras exigencias, por su autodefinida postura de piadosos seguidores de las enseñanzas bíblicas. Paradoja llamativa, una reciente encuesta nacional realizada por el Centro Guttman, detectó que un 80% de los judíos israelíes cree en dios, de modo que tres de cada cuatro no son ateos. Fue una sorpresa grande este hallazgo, sobre todo para las clases medias y profesionales que estaban seguras de que Israel seguía siendo una sociedad muy secular y laica, como lo fue desde la fundación del estado y durante muchas décadas
En estas condiciones, los 63 años de Israel, desde fundación como estado moderno en 1948, no han sido demasiado diferentes en materia de amenazas permanentes, aunque el espectro nuclear iraní asume ahora mismo contornos particularmente angustiosos. Si bien es evidente que el gobierno del primer ministro Biniamin Netanyahu es virulentamente dramático en su advertencia del peligro, mientras que sectores más moderados y racionales introducen algunos matices de prudencia, hay un consenso nacional de que este país seguirá, por ahora, “condenado” a lidiar con un contexto regional siempre asfixiante, amenazante o, al menos, hostil.
Pero la eventualidad de ataques misilísticos no es una mera hipótesis delirante: ya en 1991, hace más de dos décadas, 41 “scuds” iraquíes tocaron suelo israelí. Eran armas primitivas, si se las evalúa desde la tecnología de hoy, claro, pero, ¿cuánto puede haber evolucionado la tecnología militar en estos veinte años?
Tanta insistencia en la hipótesis nuclear iraní, ¿acaso deja en un lugar sin importancia al viejo conflicto con los palestinos? En un cierto sentido, sí. Las interminables negociaciones están de hecho bloqueadas desde hace tiempo y lo que realmente importa a los israelíes, además de Irán, es su frontera norte con el Líbano. Del lado libanes, dicha frontera está completamente dominada por Hizballáh, la milicia fundamentalista del llamado Partido de Dios. Se trata de un formidable aparato político y militar financiado entrenado y respaldado por el gobierno de Irán. Los de Hizballáh, no son iraníes, ni tampoco son palestinos: son musulmanes chiítas libaneses que han terminado por convertirse en la principal fuerza islámica dentro del complejísimo tejido étnico de un país en el que, durante décadas, los cristianos locales tuvieron un peso específico que ya hoy no tienen.
Según reveló el jefe de la inteligencia militar de Israel, el teniente general Aviv Kochavi, Irán dispone ya de más de cuatro toneladas de uranio enriquecido al 3%, y de casi 100 kilogramos enriquecido al 20%. “Si este uranio es enriquecido a un nivel más alto, más del 90%, sería suficiente para fabricar cuatro bombas atómicas” detalló. ¿El problema es solo Irán? Kochavi no es una figura política que ande dando vueltas por en los programas de TV; jefe de la inteligencia militar, habla poco y de manera escueta: “hay unos 200.000 cohetes y misiles actualmente apuntados contra Israel desde países enemigos, pero la capacidad disuasiva israelí funciona”, puntualizó. El diagnóstico es bastante pesado; en Israel ven a un Medio Oriente cada vez más hostil, más islamizado y más sensible. Son datos fehacientes, tras una larga semana de conversaciones, percepciones y hallazgos en esta zona clave del mundo.
© pepe eliaschev
Publicado en Diario Popular
Twitter @peliaschev
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