Palabras Impresas
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los que soy columnista permanente: El Día, Diario Popular, Perfil y otros ocasionales. Esto que pasa es mi comentario de fin de semana y se publica hace más de diez años.
Domingo 12 de febrero de 2012

Entre ser y decir
Buenos Aires, 12 de febrero de 2012 - A veces no hay que hacerse demasiado los rulos. También en política, hay cuestiones que son claras e innegables, sin dar mayores vueltas. Hay episodios que tienen potente elocuencia. Es el caso de esta semana, cuando, una vez más, la Argentina revivió la vieja experiencia según la cual “el pez por la boca muere”.
Fue cuando Cristina Fernández dialogó por TV, en videoconferencia y por conexión satelital, con una persona a la que se empeñaba en llamar “Antonio”, pero que era Armando César Domínguez, durante el acto de inauguración de una fábrica. En el acto, Domínguez fue presentado como un simple trabajador de la industria del cemento en la pujante ciudad bonaerense de Olavarría. Pero se evitó presentarlo como quien es en realidad, un dirigente político de primer nivel en el Partido Justicialista regional.
La presidenta le dijo “Antonio (sic), vos no sos dirigente político, sos un trabajador que defiende su lugar de trabajo”. La cierto es que Domínguez integra el secretariado general de la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA), filial Olavarría, hace ya diecinueve años e incluso fue interventor en la seccional de San Juan del sindicato, durante casi un año. Si bien Cristina le espetó “vos no sos dirigente político”, este Domínguez fue presidente del PJ de Olavarría, con más de treinta años de militancia.
Toda esta embarazosa situación acaeció cuando Domínguez le agradecía a Cristina por inaugurar una nueva fábrica. Pero, inopinadamente, cambió de tema y aludió al enardecido choque por la minera en la catamarqueña Tinogasta, coronado por una muy brutal represión de la policía de esa provincia gobernada por el kirchnerismo. Vestido con ropa de trabajo y con su cabeza cubierta por un casco amarillo, Armando/Antonio Domínguez censuró duramente a los ambientalistas que bloquearon la ruta en Catamarca. Presentado como un simple obrero raso que sorprendía gratamente a la presidenta, aseguró “los trabajadores mineros queremos trabajar en paz” y de inmediato hizo los deberes: “Y no que cuatro o cinco seudo ambientalistas nos corten la ruta”. Defendió sin matices la minería, aseguró que genera muchos puestos de trabajo, y hasta incluso le rindió homenaje al gobernador sanjuanino José Luis Gioja (junto a quien en el pasado había sido fotografiado en actos políticos). La presidenta, encantada, le sonrió y le replicó con un “a vos no te van acusar de ser de hombre de la Barrick; no tenés pinta de ser hombre de la Barrick”.
La verdad es, lamentablemente para la credibilidad presidencial, que Armando/Antonio Domínguez negoció los salarios de los afiliados de AOMA con la Barrick Gold y en 2011 firmó un convenio con la empresa que incluye un aumento salarial de 34,5% para los mineros de Veladero, en San Juan. “Antonio” no existe y no es un anónimo laburante. Empinado dirigente sindical en la CGT y en el peronismo bonaerense, conectado con medios políticos y gremiales de San Juan, este Domínguez al que la presidenta le dijo “vos no sos ningún dirigente político, sos un trabajador que defiende su fuente de trabajo”, es un notorio cacique gremial. La escena la compartían el vicepresidente Amado Boudou y el intendente José Eseverri. Aparentemente sorprendida, la presidenta se regocijó cuando “Antonio” se ufanó al proclamar “somos nosotros los que conocemos mejor el trabajo. Somos más ambientalistas que los propios ambientalistas”.
La respuesta presidencial fue “Vox pópuli, vox dei” (“la voz del pueblo es la voz de dios”). Para Cristina ese Antonio/Armando expresa “la lógica implacable del pueblo”. Boudou lo presentó a Domínguez como “Antonio” y así lo siguió denominando Cristina. Aunque el supuesto obrero intentó rectificar su nombre, ni él ni Boudou aclararon que, en realidad, tal “Antonio” era vicepresidente del PJ de Olavarría, alineado con la línea ortodoxa del peronismo, secretario general de la seccional local de la AOMA y vocal 1º del sindicato a nivel nacional.
Ahora se sabe que ni bien llegó a San Juan, Antonio/Armando se ocupó de certificar que no era un trabajador de base, como pareció fingir, o le hicieron creer a la presidenta. Sin pelos en la lengua, Domínguez aseguraba a “Diario de Cuyo” el 27 de mayo de 2010 que “tengo contacto y muy buena relación con las grandes compañías”. En Buenos Aires, “La Nación” reprodujo ayer declaraciones de Leiva, en las que califica a Domínguez de “un tipo turbio, que llegó a desalojar pobres en un playón de Olavarría para concesionar un estacionamiento. Aquí hizo grandes negociados con la Barrick”.
La presidenta tiene derecho a equivocarse y es evidente que a menudo en su elenco más cercano le preparan mala información y, con tal de contentarla, la rodean de positividades falsas. Pero ya el año pasado se descubrió que la científica usada para un aviso de propaganda de la campaña electoral de Cristina no se había radicado en el exterior “en la crisis”. La Dra. Cecilia Mendive fue descripta por la Casa Rosada como una universitaria obligada a irse del país antes del ascenso de Néstor Kirchner al poder, por el colapso económico del país. La verdad es que había sido becaria del Conicet hasta 2007, y fue recién ese año cuando se fue a vivir a Alemania.
El spot electoral del Gobierno, titulado “La fuerza de Cecilia”, contaba la historia de la Dra. Mendive, presentada como emigrada en 2002 y repatriada por el kirchnerismo en 2009 por el programa oficial Raíces. Mendive no se había ido a Alemania en 2002, sino en 2007. En la Argentina tenía trabajo y remuneración: de 2002 a 2007 fue becaria del Conicet. Viajó varias veces a Alemania durante esos años, se casó con un alemán, y recién en abril de 2007 se radicó formalmente en Alemania, durante el mandato de Néstor Kirchner. Ella aceptó contar una historia falseada para el comercial de TV y así lo justificó: “en 40 segundos no podía contar todo lo que había hecho. Yo no me fui por la crisis, me fui porque me gané una beca”.
Entre Antonio/Armando Domínguez y Cecilia Mendive hay un común denominador: la mentira es una droga adictiva, que parece inocua, pero al final es letal.
La presidenta le dijo “Antonio (sic), vos no sos dirigente político, sos un trabajador que defiende su lugar de trabajo”. La cierto es que Domínguez integra el secretariado general de la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA), filial Olavarría, hace ya diecinueve años e incluso fue interventor en la seccional de San Juan del sindicato, durante casi un año. Si bien Cristina le espetó “vos no sos dirigente político”, este Domínguez fue presidente del PJ de Olavarría, con más de treinta años de militancia.
Toda esta embarazosa situación acaeció cuando Domínguez le agradecía a Cristina por inaugurar una nueva fábrica. Pero, inopinadamente, cambió de tema y aludió al enardecido choque por la minera en la catamarqueña Tinogasta, coronado por una muy brutal represión de la policía de esa provincia gobernada por el kirchnerismo. Vestido con ropa de trabajo y con su cabeza cubierta por un casco amarillo, Armando/Antonio Domínguez censuró duramente a los ambientalistas que bloquearon la ruta en Catamarca. Presentado como un simple obrero raso que sorprendía gratamente a la presidenta, aseguró “los trabajadores mineros queremos trabajar en paz” y de inmediato hizo los deberes: “Y no que cuatro o cinco seudo ambientalistas nos corten la ruta”. Defendió sin matices la minería, aseguró que genera muchos puestos de trabajo, y hasta incluso le rindió homenaje al gobernador sanjuanino José Luis Gioja (junto a quien en el pasado había sido fotografiado en actos políticos). La presidenta, encantada, le sonrió y le replicó con un “a vos no te van acusar de ser de hombre de la Barrick; no tenés pinta de ser hombre de la Barrick”.
La verdad es, lamentablemente para la credibilidad presidencial, que Armando/Antonio Domínguez negoció los salarios de los afiliados de AOMA con la Barrick Gold y en 2011 firmó un convenio con la empresa que incluye un aumento salarial de 34,5% para los mineros de Veladero, en San Juan. “Antonio” no existe y no es un anónimo laburante. Empinado dirigente sindical en la CGT y en el peronismo bonaerense, conectado con medios políticos y gremiales de San Juan, este Domínguez al que la presidenta le dijo “vos no sos ningún dirigente político, sos un trabajador que defiende su fuente de trabajo”, es un notorio cacique gremial. La escena la compartían el vicepresidente Amado Boudou y el intendente José Eseverri. Aparentemente sorprendida, la presidenta se regocijó cuando “Antonio” se ufanó al proclamar “somos nosotros los que conocemos mejor el trabajo. Somos más ambientalistas que los propios ambientalistas”.
La respuesta presidencial fue “Vox pópuli, vox dei” (“la voz del pueblo es la voz de dios”). Para Cristina ese Antonio/Armando expresa “la lógica implacable del pueblo”. Boudou lo presentó a Domínguez como “Antonio” y así lo siguió denominando Cristina. Aunque el supuesto obrero intentó rectificar su nombre, ni él ni Boudou aclararon que, en realidad, tal “Antonio” era vicepresidente del PJ de Olavarría, alineado con la línea ortodoxa del peronismo, secretario general de la seccional local de la AOMA y vocal 1º del sindicato a nivel nacional.
Ahora se sabe que ni bien llegó a San Juan, Antonio/Armando se ocupó de certificar que no era un trabajador de base, como pareció fingir, o le hicieron creer a la presidenta. Sin pelos en la lengua, Domínguez aseguraba a “Diario de Cuyo” el 27 de mayo de 2010 que “tengo contacto y muy buena relación con las grandes compañías”. En Buenos Aires, “La Nación” reprodujo ayer declaraciones de Leiva, en las que califica a Domínguez de “un tipo turbio, que llegó a desalojar pobres en un playón de Olavarría para concesionar un estacionamiento. Aquí hizo grandes negociados con la Barrick”.
La presidenta tiene derecho a equivocarse y es evidente que a menudo en su elenco más cercano le preparan mala información y, con tal de contentarla, la rodean de positividades falsas. Pero ya el año pasado se descubrió que la científica usada para un aviso de propaganda de la campaña electoral de Cristina no se había radicado en el exterior “en la crisis”. La Dra. Cecilia Mendive fue descripta por la Casa Rosada como una universitaria obligada a irse del país antes del ascenso de Néstor Kirchner al poder, por el colapso económico del país. La verdad es que había sido becaria del Conicet hasta 2007, y fue recién ese año cuando se fue a vivir a Alemania.
El spot electoral del Gobierno, titulado “La fuerza de Cecilia”, contaba la historia de la Dra. Mendive, presentada como emigrada en 2002 y repatriada por el kirchnerismo en 2009 por el programa oficial Raíces. Mendive no se había ido a Alemania en 2002, sino en 2007. En la Argentina tenía trabajo y remuneración: de 2002 a 2007 fue becaria del Conicet. Viajó varias veces a Alemania durante esos años, se casó con un alemán, y recién en abril de 2007 se radicó formalmente en Alemania, durante el mandato de Néstor Kirchner. Ella aceptó contar una historia falseada para el comercial de TV y así lo justificó: “en 40 segundos no podía contar todo lo que había hecho. Yo no me fui por la crisis, me fui porque me gané una beca”.
Entre Antonio/Armando Domínguez y Cecilia Mendive hay un común denominador: la mentira es una droga adictiva, que parece inocua, pero al final es letal.
© pepe eliaschev
Publicado en Diario Popular
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