Palabras Impresas

Un balotaje estéril
Buenos Aires, 24 de julio de 2011 - A siete días de una segunda vuelta electoral que provoca profundo desasosiego en el gobierno nacional, se van advirtiendo las ominosas repercusiones que va teniendo para le Casa Rosada haber alentado o al menos admitido la desventurada idea de aceptar que un balotaje era una buena movida.
El kirchnerismo se había convencido de que superaría largamente el piso del 30% en las elecciones del 10 de julio. Característico de ellos: al afanarse por convencer de todas maneras del supuesto carácter épico de su acción, se persuaden a sí mismos de sus propios relatos. Tras conchabar a tres ó cuatro laderos incondicionales (Rouvier, Capurro, Artemio, Bacman), cuyas “encuestas” divulgaban como material de campaña, los representantes porteños del oficialismo nacional quedaron boquiabiertos la noche de la primera vuelta. Los porcentajes de Mauricio Macri y Daniel Filmus fueron tan elocuentes que no había opciones razonables. Si el kirchnerismo hubiera enunciado esa noche lo obvio (felicitamos al ganador, le deseamos suerte, nosotros ahora nos dedicamos a trabajar por la victoria en octubre), el efecto de esa tunda electoral (47% a 28%) ya se hubiera disipado. Pero, sin embargo, motorizado por un incomprensible arranque de “machismo” electoral, Filmus prefirió ponerse al frente de una proeza casi inaudita. La idea es repetir el 39% logrado en el balotaje de 2077, cuando Macri acumuló el 61%. ¿De dónde saldría ese 19% más, que el 31/7 votaría a Filmus, pese a no haberlo hecho el 10/7? No se sabe. En una clara demostración de profunda confusión, el kirchnerismo filmusista anduvo a oscuras toda la primera semana. Primero fueron castigados los juglares proselitistas, Fernando Braga Menéndez y Enrique Albistur, flor y nata de la nomenclatura propagandística oficial desde 2003. Enseguida, la campaña se zambulló en fijar en las calles una insondable cartelería “no agresiva”. Lo hicieron con desconcertante torpeza. Primero le birlaron al opositor diputado nacional Claudio Lozano, socio electoral de Hermes Binner, el rótulo “Buenos Aires para Todos”, nombre del partido de Lozano. A eso le agregaron corazones rojos y consignas melifluas. Los académicos de Carta Abierta, que usan a la Biblioteca Nacional como cuartel general fueron contundentes. Luego de calificar a los porteños e egoístas, cuentapropistas y “tenderos”, el gurú del grupo, Ricardo Forster, proclamó varias veces, como en una letanía, “Buenos Aires está perdida”. Para Forster, la Capital cayó en manos de la “derecha privatizadora y destructora de una ciudad que amamos”. El profesor Forster explica así el fenómeno: esa derecha” sigue “imponiendo su hegemonía en Buenos Aires”. No explica cómo, de qué manera, con que herramientas y mediante qué recursos, pero en la visión intelectualizada y engorrosa de los ideólogos oficiales, la sociedad es como un jardín de infantes, crédulos, inexpertos e ingenuos, 830 mil personas a las que Mauricio Macri “impuso” sus ideas. La reacción de Filmus tiene mucho de enternecedora. Le ha tocado bailar no con la más fea, sino con la que siempre “planchó”, con la peor de todas. Ha debido recuperar su viejo compañerismo con viejos camaradas, o sea la izquierda no peronista que se kirchnerizó a partir de 2003, cuyo símbolo viviente es Aníbal Ibarra. No renuncia Filmus en el tramo final al aporte logístico de militantes cristinistas jóvenes, sobre todo para la espinosa jornada electoral del domingo próximo. Pero sus pasos están cruzados por un dilema de resolución entre improbable e imposible. Si la repercusión de las numerosas muestras de desprecio al voto porteño fue muy tóxica para el kirchnerismo, pensaron que se requería endulzar el tono y predicar en esta quincena final paz, amor y amistad. Pero lo curioso es que ese coctel demuele el disco rígido ultra K, de acuerdo con el cual la mayoría de los porteños son detestables, burgueses, impiadosos y reaccionarios. ¿No será que la presidente Cristina Kirchner ni siquiera avaló personalmente la decisión de encarar el agónico balotaje? Según conjeturas nada irracionales, no puede descartarse que Filmus, al que la Presidente trató siempre con una mezcla de frialdad, desdén y desinterés, se haya cobrado una factura gruesa y vieja. Cualquier resultado por debajo del 40% sería, en sí mismo, una derrota dentro de la derrota, sobre todo en vista a las demenciales “primarias” del 14 de agosto inventadas por Néstor Kirchner y que hasta ahora solo dañan al oficialismo y favorecen a las fuerzas opositoras. Es que el 14 de agosto será una encuesta en serio, a diferencia de las engañosas y falsas “mediciones” hechas circular los consultores que cobran en la Casa Rosada. Y de ese sondeo saldrá el recuento globular de Alfonsín, Rodríguez Saá, Binner, Duhalde y Carrió. Posicionado cada uno con lo que tiene en serio, la sociedad sabría a qué atenerse el 23 de octubre. Para el oficialismo, en cambio, el 14/8 es a matar o morir: si se invierte la tendencia y araña un melancólico 40%, sus problemas se agravarán exponencialmente en pocos días. Lejos de estar vencida, Cristina Kirchner es aun una formidable rival y hará todo lo necesario para que sus chances no se deterioren, pero se percibe que está cambiando, al menos en parte, un fragmento del complejo escenario argentino. Hay un dato relevante que dibuja un diagnóstico deprimente del presente argentino. Si los kirchneristas no pueden convencer a nadie que no esté enrolado en el Gobierno con su campaña de corazones y palabras almibaradas, tampoco es aceptable el súbito ocaso de Pino Solanas, cuyo gambito de la Nación a la Ciudad le provocó perder la mitad del apoyo que asombrosamente había recogido en 2009, lo que coronó poniendo como candidata a presidente de la Nación a una socióloga que era solo conocida en medios universitarios hacia mediados de los años ‘70. Tampoco ayuda que Elisa Carrió, cuyo partido obtuvo 58 mil votos el 10 de julio (catorce veces menos que los recogidos por Macri) se haya plantado esa misma noche electoral como analista de una victoria con la que no estuvo asociada. Los resultados del domingo que viene están cantados; solo faltan los números chicos, nada más.
© pepe eliaschev
Publicado en Diario Popular
