Pasión por la radio

Desde el prehistórico antecedente de 1967 (mi primer programa propio), cuando salía de la adolescencia, casi nunca dejé de hacer radio. Columnas, entrevistas, editoriales, audio puro, momentos rescatados y preservados de lo que es, para mí al menos, el más íntimo, confiable y directo de los medios de comunicación, el que involucra a los seres humanos ante un micrófono.
Jueves 21 de febrero de 2013Pasión por la Radio

Amor por el delito

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Editorial Radio Mitre

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Buenos Aires, 21 de febrero de 2013 - No es mi voluntad, ni mi decisión, ser particularmente tenebroso. Tampoco me agrada, ni me siento reconfortado con la noción del apocalipsis. De hecho, descreo de los apocalípticos.

Creo que la Argentina es una sociedad que, como muchas otras, tiene aspectos luminosos y costados sombríos. Según mi opinión, la Argentina es un país en donde hay mucha buena gente en serio, esa que no forma parte de las propagandas estatales, pero que también es una sociedad en donde hay una cantidad muy grande de canallas.

En definitiva, entiendo que la Argentina es simplemente un país más, con sus oscuridades y sus luces, pero creo que, en particular, la Argentina está sufriendo un proceso muy preocupante que se patentiza, se expresa y queda casi como fotografiado con la historia que hace varias horas viene dando vuelta por los medios. Me refiero a la muerte del ciclista atropellado por un automovilista en la Panamericana.

Accidentes hay en todo el mundo y en algunos países incluso con mayor frecuencia y con mayor gravedad que en la Argentina. No es una peculiaridad criolla. Lo notable es que en la Argentina hace por lo menos una década, parecería que se ha eliminado la noción de culpabilidad y se ha suprimido la noción de responsabilidad.

Estamos expuestos a una convivencia tan permanente, cotidiana y asfixiante con las irregularidades, anormalidades y delitos que, de alguna manera, se fue inoculando en el cuerpo político y en la sociedad civil en su conjunto. Se trata de la idea de que nada es demasiado importante y no necesariamente deben ser punidos aquellos actos que son explícitamente castigados por la ley. Circular por rutas y autopistas argentinas es una experiencia imborrable que corrobora el grado absoluto de inescrupulosidad en el que vivimos.

Ha desaparecido hace largos años toda pretensión de que exista y funcione una policía caminera. Solo se algunos móviles policiales sueltos y desparramados y, muy de vez en cuando, la Gendarmería, que ni de lejos aseguran algo que en cualquier país de América del Sur, ya no hablo de Europa, es una norma, la vigilancia en la ruta. El cercano Uruguay, por ejemplo, una pequeña y muy eficaz policía caminera custodia en serio lo que sucede en las rutas. Aquio desaparecen ambulancias, hay individuos que conducen autos con cadáver a cuestas, y micros y camiones que explícitamente violan el máximo tolerado de velocidad y puede circular cuanto quieran en cualquier punto de la república sin ser jamás detenidos ni mucho menos sancionados.

Todo esto forma parte de un clima de permisividad deliberadamente auspiciado por una creencia ideológica, que se expresa en algún juez de la propia Corte Suprema de Justicia y, según la cual, la sociedad no debe castigar sino comprender, no debe ser punitiva, sino inclusiva.

Aparentemente, la Argentina ha llegado a la conclusión de que el castigo no sirve, la cárcel no reforma a nadie y que, en consecuencia, es mejor excarcelar que encarcelar, más allá de que los crímenes que se cometan sean horribles. Este es un problema ideológico porque deriva de un punto de vista dogmático. Esto que está sucediendo en la Argentina no proviene de una casualidad, forma parte de un credo. Esto es lo que explica proyectos como el llamado “Vatayón Militante”, ¿o nos olvidamos de los permisos del Tribunal en lo Criminal nº 20 para que uno de los individuos procesados y sentenciados por la masacre de Cromagnón pudiera salir de la cárcel al mero efecto de participar de actividades políticas del oficialismo?

Todo es relativo, según el actual canon argentino. Nada es demasiado grave. Por eso, la ley ha ido configurando una jurisprudencia y un paquete de criterios que les permite a muchos  magistrados sacarse de encima su responsabilidad y pongan en libertad a personas que han cometido delitos atroces.

Cualquier pretensión que uno tiene en la Argentina de hablar de castigo, medidas punitivas y condignas respuestas a hechos aberrantes, es automáticamente catalogada como algo represivo, reaccionario, fascista y partidario de la “mano dura”.

Por eso no asombra que mucha gente lamente la muerte de sus seres queridos, gente desesperada y cruzada por el duelo y se encuentra ante una justicia prácticamente resignada a operar en el marco de una ideología supuestamente garantista, que de tan permisiva y comprensiva, terminó santificando el vivir por izquierda. Cuando digo vivir por izquierda no pretendo un debate político-ideológico. El episodio de la Panamericana es ilustrativo: cuesta entender cómo quien participó de un hecho así siga en libertad.

No puede ser interpretado en sí mismo como un hecho aislado. Es apenas el emergente de una situación sistémica, algo serial. Parece ser que la Argentina ha resuelto amigarse para siempre con el delito.

©pepeeliaschev 
Emitido en Radio Mitre

 

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